YU HUA (CHINA,1960)

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YU HUA

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YU HUA (CHINA,1960)

Escritor chino nacido en Hangzhou (Zhejiang). Estudió Odontología y durante cinco años estuvo ejerciendo como dentista, antes de decantarse definitivamente por la literatura en 1983. Tanto ¡Vivir! (1992) como Crónica de un vendedor de sangre (1995), fueron elegidas entre las diez novelas más influyentes en China en la década de los noventa. El director y fotógrafo chino Zhang Yimou llevó al cine ¡Vivir! en 1994. Yu Hua es también autor de diversos relatos y ensayos. Gritos en la llovizna (2003) y Brothers (2005) son dos de sus novelas importantes. Fue el primer escritor chino galardonado con el James Joyce Foundation Award, en el año 2002. Actualmente vive en Pekín.

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TEXTOS :

 

Yu Hua
Brothers (fragmento)

“ Lin Hong estaba completamente inmersa en su felicidad. Su apuesto marido la llevaba todas las mañanas a la fábrica de géneros de punto en su bicicleta Eternidad, brillante y a la moda. Cuando se internaba en la fábrica, se volvía repetidas veces para ver a Song Gang de pie junto a la bicicleta, diciéndole adiós con la mano. Cuando salía de la fábrica a última hora de la tarde, él la esperaba, sonriendo ampliamente. Lin Hong ignoraba que él estaba ayudando a Li Guangtou, y cuando lo descubrió, Song Gang llevaba haciéndolo un mes.
La primera vez que Lin Hong se dio cuenta de que el dinero y los cupones de cereales faltaban del bolsillo de Song Gang, sonrió para sí y, sin decirle nada, los reemplazó por otros veinte centavos y otros dos cupones de cereales. Song Gang estaba cerca y tampoco dijo nada, aunque la sonrisa cordial de ella lo hizo sentir muy incómodo.
Lin Hong seguía ignorando que Li Guangtou se apropiaba diariamente del dinero y de los cupones de cereales de Song Gang. Todos los días, sin falta, sustituía el contenido de los bolsillos de su marido. Al principio estaba encantada porque parecía que él cuidaba mejor de sí mismo, y por fin había reconocido que cuando tenía hambre debía comprarse algo para comer. Pero poco a poco empezó a encontrar extraño que hubiera pasado de no querer nada a gastarse todo lo que llevaba consigo, sin conservar siquiera el cambio. Consideraba que, con independencia de lo que comprara para comer, al menos debería quedar algo de vuelta. Lo miraba con recelo, pero él evitaba su mirada. Por último, se lo preguntó directamente:
-¿Qué comes todos los días?
Song Gang abrió la boca, pero de ella no salieron palabras. Lin Hong repitió la pregunta, él se limitó a mover la cabeza y dijo que no había comido nada. Ella se lo quedó mirando atónita, pero él de nuevo evitó su mirada. A desgana, confesó:
-Se lo he dado todo a Li Guangtou.
Lin Hong se quedó sin habla en medio de la habitación. Sólo entonces recordó que Li Guangtou se había convertido en un mendigo, porque hasta ese momento había olvidado completamente su existencia. Su mundo lo ocupaba solamente Song Gang, y ahora aquel cabrón de Li Guangtou se metía por medio una vez más. Cuando Ling Hong calculó que en el transcurso del último mes Li Guangtou se había quedado con unos seis yuanes suyos, no pudo contenerse y se puso a gritar. Repitiendo seis yuanes una y otra vez para sí, observó que si hubieran ahorrado esa cantidad, les habría bastado para vivir los dos un mes entero.
Song Gang bajó la cabeza y se sentó en el borde de la cama, incapaz de mirar a su esposa. No levantó la cabeza ni la miró a los ojos hasta que ella se echó a llorar y le preguntó cómo pudo hacer algo así. 

 

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Yu Hua
¡Vivir! (fragmento)

“ Meses atrás había bastado una orden del jefe de equipo para destrozar las ollas, y ahora bastó también su orden para ir a comprarlas. El grano que quedaba en la cantina se distribuyó a cada familia según el número de miembros. Lo que nos tocó sólo daba para comer tres días. Y aún hubo suerte de que sólo faltara un mes para la cosecha del arroz; pero a ver cómo íbamos a aguantar ese mes.
En el pueblo, empezaron a dar puntos de trabajo a los labradores. Yo fui considerado un trabajador de fuerza, y me dieron diez puntos. Si Jiazhen no hubiera estado enferma, le habrían dado ocho, pero tal como estaba sólo podía con tareas fáciles, así que no le dieron más que cuatro. Menos mal que Fengxia ya era mayor. Para ser mujer, era muy fuerte, así que cada día le daban siete puntos.
Jiazhen sufría pensando que sólo había conseguido la mitad de puntos, no se le quitaba de la cabeza. Siempre tenía la sensación de que podía con el trabajo más pesado, y hasta fue varias veces a decírselo al jefe de equipo. Le decía que sabía que estaba enferma, pero que de momento todavía era capaz de hacer trabajo pesado.
-Dadme los cuatro puntos –decía- cuando de verdad ya no pueda.
El jefe de equipo se lo pensó y consideró que tenía razón.
-Entonces ve a la siega del arroz –le dijo.
Jiazhen fue a los arrozales con su hoz. Al principio, trabajaba muy rápido, tanto que al verla pensé que el médico se había equivocado. Pero, cuando acabó la primera hilera, ya se tambaleaba un poco; y al segar la segunda ya iba mucho más lenta. Fui a verla y le pregunté:
-¿Estás bien?
Tenía la cara toda sudada.
-Ocúpate de lo tuyo –me regañó poniéndose derecha-. ¿Para qué vienes?
Jiazhen tenía miedo de que, al ir yo a verla, los demás se fijaran en ella.
-Tienes que cuidarte –le dije.
-Vete ahora mismo –me dijo muy nerviosa.
No me quedó más remedio que alejarme, moviendo la cabeza. Al poco rato, oí un ruido, ¡patapum!, y pensé: “Malo.” Levanté la cabeza, vi que se había caído al suelo, y fui hasta ella. Aunque se había levantado, le temblaban las piernas. Además, al caer se había dado con la hoz en la frente y le salía sangre. Me miró y forzó una sonrisa. Yo, sin decir nada, la levanté a caballo y fui hacia casa. Ella no se resistió, pero, a medio camino, se echó a llorar. 

FUENTE: http://www.epdlp.com

 

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YU HUA (CHINA,1960)

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YU HUA

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YU HUA (CHINA,1960)

Escritor chino nacido en Hangzhou (Zhejiang). Estudió Odontología y durante cinco años estuvo ejerciendo como dentista, antes de decantarse definitivamente por la literatura en 1983. Tanto ¡Vivir! (1992) como Crónica de un vendedor de sangre (1995), fueron elegidas entre las diez novelas más influyentes en China en la década de los noventa. El director y fotógrafo chino Zhang Yimou llevó al cine ¡Vivir! en 1994. Yu Hua es también autor de diversos relatos y ensayos. Gritos en la llovizna (2003) y Brothers (2005) son dos de sus novelas importantes. Fue el primer escritor chino galardonado con el James Joyce Foundation Award, en el año 2002. Actualmente vive en Pekín.

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TEXTOS :

 

Yu Hua
Brothers (fragmento)

” Lin Hong estaba completamente inmersa en su felicidad. Su apuesto marido la llevaba todas las mañanas a la fábrica de géneros de punto en su bicicleta Eternidad, brillante y a la moda. Cuando se internaba en la fábrica, se volvía repetidas veces para ver a Song Gang de pie junto a la bicicleta, diciéndole adiós con la mano. Cuando salía de la fábrica a última hora de la tarde, él la esperaba, sonriendo ampliamente. Lin Hong ignoraba que él estaba ayudando a Li Guangtou, y cuando lo descubrió, Song Gang llevaba haciéndolo un mes.
La primera vez que Lin Hong se dio cuenta de que el dinero y los cupones de cereales faltaban del bolsillo de Song Gang, sonrió para sí y, sin decirle nada, los reemplazó por otros veinte centavos y otros dos cupones de cereales. Song Gang estaba cerca y tampoco dijo nada, aunque la sonrisa cordial de ella lo hizo sentir muy incómodo.
Lin Hong seguía ignorando que Li Guangtou se apropiaba diariamente del dinero y de los cupones de cereales de Song Gang. Todos los días, sin falta, sustituía el contenido de los bolsillos de su marido. Al principio estaba encantada porque parecía que él cuidaba mejor de sí mismo, y por fin había reconocido que cuando tenía hambre debía comprarse algo para comer. Pero poco a poco empezó a encontrar extraño que hubiera pasado de no querer nada a gastarse todo lo que llevaba consigo, sin conservar siquiera el cambio. Consideraba que, con independencia de lo que comprara para comer, al menos debería quedar algo de vuelta. Lo miraba con recelo, pero él evitaba su mirada. Por último, se lo preguntó directamente:
-¿Qué comes todos los días?
Song Gang abrió la boca, pero de ella no salieron palabras. Lin Hong repitió la pregunta, él se limitó a mover la cabeza y dijo que no había comido nada. Ella se lo quedó mirando atónita, pero él de nuevo evitó su mirada. A desgana, confesó:
-Se lo he dado todo a Li Guangtou.
Lin Hong se quedó sin habla en medio de la habitación. Sólo entonces recordó que Li Guangtou se había convertido en un mendigo, porque hasta ese momento había olvidado completamente su existencia. Su mundo lo ocupaba solamente Song Gang, y ahora aquel cabrón de Li Guangtou se metía por medio una vez más. Cuando Ling Hong calculó que en el transcurso del último mes Li Guangtou se había quedado con unos seis yuanes suyos, no pudo contenerse y se puso a gritar. Repitiendo seis yuanes una y otra vez para sí, observó que si hubieran ahorrado esa cantidad, les habría bastado para vivir los dos un mes entero.
Song Gang bajó la cabeza y se sentó en el borde de la cama, incapaz de mirar a su esposa. No levantó la cabeza ni la miró a los ojos hasta que ella se echó a llorar y le preguntó cómo pudo hacer algo así. 

 

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Yu Hua
¡Vivir! (fragmento)

” Meses atrás había bastado una orden del jefe de equipo para destrozar las ollas, y ahora bastó también su orden para ir a comprarlas. El grano que quedaba en la cantina se distribuyó a cada familia según el número de miembros. Lo que nos tocó sólo daba para comer tres días. Y aún hubo suerte de que sólo faltara un mes para la cosecha del arroz; pero a ver cómo íbamos a aguantar ese mes.
En el pueblo, empezaron a dar puntos de trabajo a los labradores. Yo fui considerado un trabajador de fuerza, y me dieron diez puntos. Si Jiazhen no hubiera estado enferma, le habrían dado ocho, pero tal como estaba sólo podía con tareas fáciles, así que no le dieron más que cuatro. Menos mal que Fengxia ya era mayor. Para ser mujer, era muy fuerte, así que cada día le daban siete puntos.
Jiazhen sufría pensando que sólo había conseguido la mitad de puntos, no se le quitaba de la cabeza. Siempre tenía la sensación de que podía con el trabajo más pesado, y hasta fue varias veces a decírselo al jefe de equipo. Le decía que sabía que estaba enferma, pero que de momento todavía era capaz de hacer trabajo pesado.
-Dadme los cuatro puntos –decía- cuando de verdad ya no pueda.
El jefe de equipo se lo pensó y consideró que tenía razón.
-Entonces ve a la siega del arroz –le dijo.
Jiazhen fue a los arrozales con su hoz. Al principio, trabajaba muy rápido, tanto que al verla pensé que el médico se había equivocado. Pero, cuando acabó la primera hilera, ya se tambaleaba un poco; y al segar la segunda ya iba mucho más lenta. Fui a verla y le pregunté:
-¿Estás bien?
Tenía la cara toda sudada.
-Ocúpate de lo tuyo –me regañó poniéndose derecha-. ¿Para qué vienes?
Jiazhen tenía miedo de que, al ir yo a verla, los demás se fijaran en ella.
-Tienes que cuidarte –le dije.
-Vete ahora mismo –me dijo muy nerviosa.
No me quedó más remedio que alejarme, moviendo la cabeza. Al poco rato, oí un ruido, ¡patapum!, y pensé: “Malo.” Levanté la cabeza, vi que se había caído al suelo, y fui hasta ella. Aunque se había levantado, le temblaban las piernas. Además, al caer se había dado con la hoz en la frente y le salía sangre. Me miró y forzó una sonrisa. Yo, sin decir nada, la levanté a caballo y fui hacia casa. Ella no se resistió, pero, a medio camino, se echó a llorar. 

FUENTE: http://www.epdlp.com

 

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WYSTAN HUGH AUDEN.INGLATERRA-EE.UU. 1907-1973

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WYSTAN HUGH  AUDEN

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WYSTAN HUGH AUDEN

Reseña biográfica

Poeta y ensayista norteamericano de origen  inglés nacido en York, Yorkshire, en 1907.
Su infancia transcurrió en Birmingham donde su padre ejercía como profesor de la escuela de medicina. Muy pronto se interesó por la poesía, y al ingresar a la Universidad de Oxford, escribió los primeros poemas.  Su primera colección apareció en 1930, convirtiéndolo en la voz más influyente de la nueva generación de poetas ingleses.

FUENTE: http://www.amediavoz.com

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Visitó Alemania, Islandia, China y España, y finalmente se estableció en Estados Unidos en 1939 donde más tarde se hizo ciudadano americano.
Entre sus obras más destacadas se cuentan “Hombre doble” en 1941,  “El escudo de Aquiles” en 1955,“Poemas extensos completos”  en 1969 y “La edad de la ansiedad” ganadora del Premio Pulitzer en 1948.
De 1954 a 1973 fue director ejecutivo de la Academia Americana de Poetas y dividió la mayor parte se su tiempo entre Nueva York y Austria. Falleció en Viena en 1973. 

2

Asilo de ancianos

Todos poseen un límite: cada uno
Tiene un matiz de daño muy distinto. La élite
Es capaz de arreglarse por sí misma,
Caminar apoyada en un bastón,
Leer completo un libro, interpretar
Movimientos de fáciles sonatas.
(Pero acaso la libertad carnal
Es el veneno del espíritu:
Conscientes de lo que ha sucedido y el porqué
Abominan su tristeza sin lágrimas.)
Luego vienen los de silla de ruedas, el promedio
Que soporta la tele
Y guiado por amables terapeutas
Canta en comunidad.
Después los solitarios que musitan
Palabras en el limbo, y al final
Los que ya son del todo incompetentes
Y como una parodia de las plantas
(Ellas pueden sudar sin ensuciarse).
No obstante, hay algo que los une:
Todos aparecieron cuando el mundo,
A pesar de sus males,
Era más habitable y más vistoso
Y los viejos tenían auditorio
Y un lugar en la tierra.
(El niño reprendido por su madre
Podía refugiarse con la abuela para ser consolado
Y escuchar algún cuento.)
Hoy ya todos sabemos qué esperar,
Mas su generación es la primera
Que se ha desvanecido de este modo:
No en casa sino asignada a un pabellón, arrojada
Como se arrumban fardos indeseables.

Mientras voy en el Metro para estar
Media hora con una del asilo,
Recuerdo quién fue ella en su esplendor.
Entonces visitarla era un orgullo
Y no una caridad.
¿Seré tan frío como para esperar
Un somnífero rápido, indoloro;
O bien para rogar, como ella ruega,
Que Dios o la naturaleza precipiten
Su función terrenal?
1970

Versión de José Emilio Pacheco

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Canción de cuna

El estrépito del trabajo queda mitigado,
otro día ha llegado a su ocaso
y se ha cernido el manto de la oscuridad.
¡Paz! ¡Paz! Desprovee tu retrato
de sus vejaciones y descansa.
Tu ronda diaria ha concluido,
has sacado la basura,
respondido algunas cartas aburridas
y pagado una factura a vuelta de correo,
todo ello frettolosamente.
Ahora tienes permiso para yacer,
desnudo, aovillado cual quisquilla,
recostado en la cama, y disfrutar
de su acogedor microclima:
canta, Grandullón, canta arrorró.

Los antiguos griegos se equivocaban:
Narciso es un vejete,
domado por el tiempo, liberado al fin
de la lujuria de otros cuerpos,
racional y reconciliado.
Durante muchos años envidiaste
al hirsuto, el tipo machote.
Ya no: ahora acaricias
tu carne casi femenina
con enorgullecida satisfacción,
imaginando que eres
inmaculado e independiente,
calentito en la madriguera de ti mismo,
madonna y bambino:
canta, Grandullón, canta arrorró.

Deja que tus últimos pensamientos sean todo agradecimiento:
ensalza a tus padres que te dieron
un Super Ego de fuerza
que te ahorra tantas molestias,
llama a amigos y seres queridos por doquier,
luego rinde justo tributo
a tu edad, a haber
nacido cuando naciste. En la adolescencia
se te permitió conocer
hermosas antiguallas
que pronto desaparecerían de la faz de la tierra,
locomotoras de caldera venical, motores de balancín
y ruedas hidráulicas de admisión superior.
Sí, amor mío, has tenido suene:
canta, Grandullón, canta arrorró.

Ahora a caer en el olvido: que
la mente del vientre se apropie
por debajo del diafragma,
del dominio de las Madres,
quienes vigilan las Puertas Sagradas,
sin cuyas mudas advertencias
el yo verbalizador pronto
se conviene en un déspota despiadado,
lascivo, incapaz de amar,
desdeñoso, hambriento de estatus.
Si te acecharan los sueños, no les hagas caso,
pues todos ellos, tanto los dulces como los horrendos,
Son bromas de dudoso buen gusto,
demasiado insípidas para hacerles caso.
canta, Grandullón, canta arrorró.
Abril de 1972

Versión de Eduardo Iriarte
“Canción de cuna y otros poemas”

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Dichtung und wahrheit  (fragmento)

L
Este poema que deseaba escribir debería haber expresado exactamente lo que quiero decir cuando pienso
las palabras Te amo, pero no puedo saber exactamente qué quiero decir;
debería haberme resultado manifiestamente verdadero, pero las palabras no pueden
verificarse a sí mismas. Así que este poema quedará sin escribir. Eso no importa.
Llegas mañana; si estuviera escribiendo una novela en la que ambos fuéramos personajes,
sé exactamente cómo te recibiría en la estación: adoración en la mirada; en la lengua
guasa y
 lascivia.
Pero ¿quién sabe cómo te recibiré exactamente? ¿La Dama Bondad?
Vaya, esa sí que es una idea. ¿Se podría escribir un poema (un tanto desagradable, quizá)
sobre Ella?
1959

Versión de Eduardo Iriarte
“Canción de cuna y otros poemas”

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Epílogo

Los mundos ficticios e intemporales
de significado manifiesto
no deleitarían,

uno fuera el nuestro
uno temporal donde nada
eslo que parece.

.  .  .

Un poema; un cuento:
pero cualquiera bueno
nos empuja a querer saber.

.  .  .

Sólo los pájaros poco melodiosos,
guerreros inarticulados,
necesitan un plumaje llamativo.

.  .  .

En una casa de citas, tanto
las damas como los caballeros
tienen motes únicamente.

.  .  .

El Mal enmudecido
tomó prestado el lenguaje del Bien
y a ruido lo redujo.

.  .  .


Un día triste y árido.
¿Qué falsedad pirata
ha decapitado tu raudal de Verdad?

.  .  .


En momentos afortunados parecemos a punto
de decir de veras lo que creemos que creemos: r
pero, incluso entonces, el ojo honrado debería guiñar.

.  .  .


La Naturaleza, consecuente y augusta,
no puede enseñarnos qué escribir o hacer:
con Ella lo real siempre es cierto,
y lo que es cierto también es justo.

.  .  .


El tiempo te ha enseñado
cuanta inspiración
te aportaron tus vicios,
la deuda de la imaginación
con la tentación
a la que cediste,
que más de un hermoso
verso expresivo
no habría existido,
si hubieras ofrecido resistencia:
como poeta, tú
sabes que es cierto,
y aunque en la Iglesia
a veces rezas
para sentirte contrito,
no funciona.
felix culpa, dices:
igual tienes razón.

Esperas, sí,
que tus libros te justifiquen,
te salven del infierno:
aun así,
sin parecer triste,
sin que en modo alguno
dé la impresión de que te culpa
(no le hace falta,
bien sabe
a qué hace caso
un enamorado del arte como tú),
Dios puede hacer
el Día del Juicio,
que te deshagas en lágrimas de vergüenza,
recitando de memoria
los poemas que
habrías escrito, si
hubiera sido digna tu vida.

Versión de Eduardo Iriarte
“Canción de cuna y otros poemas”

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Funeral blues

(De “Dos canciones para Hedli Anderson)

Paren todos los relojes, descuelguen el teléfono,
Eviten que el perro ladre dándole un hueso jugoso,
Silencien los pianos, y con un apagado timbal,
Saquen el ataúd, dejen pasar a los deudos.

Que los aviones nos sobrevuelen en círculos luctuosos
garabateando en el cielo el mensaje  Él ha muerto,
Pongan un crespón alrededor de los cuellos blancos de las palomas,
Que los policías de tráfico usen guantes negros de algodón.

Él era mi Norte, mi Sur, mi Este y mi Oeste,
Mi semana de trabajo y mi descanso dominical,
Mi mediodía, mi medianoche, mi palabra, mi canción;
Creí que el amor sería eterno, pero me equivoqué.

Ya no deseo las estrellas: apáguenlas todas;
Llévense la luna y desmantelen el sol;
Vacíen el océano y talen los bosques,
Porque ya nada puede volver a ser como antes.

Versión de Luis S.

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La historia de la verdad

En aquellos tiempos en que ser era creer,
la Verdad era el súmmum de muchos creíbles,
más previa, más perpetua, que un león con alas de murciélago,
un perro con cola de pez o un pez con cabeza de águila,
en absoluto como los mortales, en tela de juicio por sus muertes.

La Verdad era su modelo mientras se afanaban en construir
un mundo de objetos perdurables en los que creer,
sin creer que la loza de barro y la leyenda,
el pórtico y la canción, eran veraces o embusteros:
la Verdad ya existía para ser cierta.

Esto ahora que, práctica como los platos de cartón,
la Verdad es convertible en kilovatios,
lo último por lo que nos regimos es un antimodelo,
alguna falsedad que cualquiera puede desmentir,
una nada en cuya existencia nadie tiene por qué creer.
1958 ¿?

Versión de Eduardo Iriarte
“Canción de cuna y otros poemas”

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HEINRICH HEINE. POETA ALEMÁN,1797-1856

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HEINRICH HEINE

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Reseña biográfica

Poeta alemán nacido en Düsseldorf el 13 de diciembre de 1797.
Hijo de padres judíos, inició estudios en su ciudad natal, se trasladó luego a  Bonn donde empezó la carrera de Derecho.
En 1821 interrumpió los estudios y se radicó en Berlín para relacionarse con importantes figuras de la intelectualidad alemana. Allí inició una fulgurante carrera literaria que lo convirtió en una de las figuras más brillantes de la poesía alemana. Su primer libro,“Poemas”, se publicó en 1822.
Una vez terminada su carrera de Derecho, se dedicó de lleno a la poesía, mostrando en su obra  la gran influencia que ejerció en él Wilhem F. Hegel, gran filósofo alemán. De esa época es su famoso “Libro de canciones” .

FUENTE: http://www.amediavoz.com

 

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En 1827 viajó a Inglaterra e Italia y finalmente se radicó en Paris en 1831. Allí escribió sus poemas satíricos, Alemania, un cuento de invierno” y“Romancero” en 1851.
Después de varios años de enfermedad, falleció en Paris 1856.

Heine-Bueste

Con motivo de la llegada de un amigo

-Oh, amigo mío, el de las largas piernas,
El de las largas piernas de progreso.
¿Por qué a París tan azorado vienes?
¿Qué hay tras el Rhin de nuevo?
¿Ha sonado por fin en nuestra patria
De libertad el salvador acento?
-Todo va a maravilla: en nuestra patria
Hay paz fecunda, bendición del cielo;
Y Alemania, con pie firme y seguro,
Con pacíficos medios,
En lo exterior y en lo interior su vida,
Poco a poco, con calma, va extendiendo.
Prósperos somos, sí; no la de Francia
Prosperidad superficial tenemos,
Donde la libertad va destrozando
El exterior progreso:
Su libertad el alemán no lleva
Sino de su alma en los profundos senos.
Ya acabóse la iglesia de Colonia;
De Hohenzollern al linaje excelso
Debemos tal merced; Halzbourgo un poco
Contribuyó a tal hecho,
Y un rey de Wittelsbach fue el encargado
De hacer pintar los vidrios con esmero.
Leyes, constitución y libertades,
Con palabra del Rey nos prometieron,
Y del Rey la palabra soberana
Joya es de tanto precio,
Cual de los Niebelungos el tesoro
Que del Rhin enterrado está en el lecho.
El libre Rhin, el Bruto de los ríos,
Que nadie ha de robarnos en su anhelo,
Los holandeses graves lo sostienen
Por las plantas sujeto,
Y los suizos pacíficos lo guardan
Por la altiva cabeza prisionero.
Dios también una flota nos regala;
De una armada alemana, ya hablaremos;
Y la sobra de vida de la patria
Ya sobre barcos nuestros
Se extenderá gallarda y altanera,
De corrección las casas suprimiendo.
Llegó la primavera; la flor brota,
Los gérmenes estallan ante el viento;
Respiremos pacíficos y libres,
De la naturaleza libre en medio;
Y como nuestros libros se prohíben
Antes de estar impresos,
Seguramente dejará bien pronto
La censura cruel de ser un hecho.

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Cuestiones

A orillas del mar desierto,
Junto al piélago intranquilo,
Un joven lleno de dudas
Se detiene pensativo,
Y así a las ondas inquietas
Dice con aire sombrío:
-«Explicadme de la vida
El arcano no sabido,
Enigma que tantas frentes
Ardieron por descubrirlo;
Cabezas engalanadas
Con adornos pontificios,
Frentes con mitras hieráticas,
Con turbantes damasquinos,
Con birretes doctorales,
Con pelucas, con postizos
Cabellos, y tantas otras
Cabezas que el escondido
Enigma saber quisieron,
Decidme, yo os lo suplico:
¿Qué es el hombre? ¿de dó viene?
¿Adónde va su camino?
¿Qué habita en el alto cielo
Tras los astros encendidos -»
El mar su canción eterna
Murmura triste y dormido;
Sopla el viento; huyen las nubes;
Los astros en el vacío
Fulguran indiferentes
Con sus resplandores fríos,
Y un demente una respuesta
Espera en tanto intranquilo.

 Paul Peel -The Little Shepherdess

El emperador de la China

Mi padre fue un zoquete, templado y receloso;
Mas yo el champagne apuro, y sé un monarca ser.
¡Oh mágica bebida! yo descubrí gozoso,
Que cuando alegre libo el néctar espumoso,
La China se embriaga de gloria y de placer.
Cual tulipán precioso de púrpura manchado,
Mi imperio, flor de Oriente, se extiende aquí y allá.
A ser yo casi un hombre ¡oh cielos! he llegado,
Y hasta mi esposa misma, mi esposa, en cinta está.
Y por doquier la dicha y la abundancia crece:
Se curan los enfermos, rnitígase el dolor;
Y hasta Confucio, el sabio de corte, me parece
Que filosofa ahora con claridad mayor.
El negro pan del pueblo trocóse en pastaflora;
El pobre sus harapos por sedas cambió,
Y el mandarín, el sabio, legión abrumadora
De monos jubilados, recobran en buen hora
La varonil firmeza que de su cuerpo huyó.
Chinesca maravilla que desafía al cielo,
Ví de Pekín la iglesia severa terminar;
Los últimos judíos la buscan con anhelo,
Bautismo allí reciben, y por premiar su celo
Les voy del dragón negro la cuarta cruz a dar.
La revolucionaria idea se ha apagado,
Y -«Oh, no, ya no queremos tener constitución,
Hasta el mantschou más noble exclama entusiasmado
Es al Kantschou, al schiago al que ama la nación,»
Me dicen los doctores: «no bebas,» mas yo bebo,
Y sorbo y sorbo apuro, cumpliendo mi deber;
Se trata de mis pueblos, a su salud me debo,
Y debo por su dicha beber y más beber.
Y un vaso, venga un vaso, un vaso todavía;
Yo mi salud a China daré con loco afán;
Mis chinos más felices se juzgan cada día,
Y bailan, mientras cantan, riendo de alegría:
«Heil dir in Siegerkranz, Retter des Vaterlands,»¹

¹ Ceñid la corona de vencedor, salvador de la patria.

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El tambor mayor

¡Qué cambio! miradle, es el cansado,
Viejo tambor mayor:
Allá cuando el imperio florecía,
Rozagante y feliz se contempló.
Erguido, y en los labios la sonrisa,
Orgulloso movía su bastón;
Los galones de plata de su traje
Brillaban deslumbrantes ante el sol.
Cuando entraba en aldeas y en ciudad
Entre alegres redobles de tambor,
De niñas y mujeres se agitaba,
Cual eco del redoble, el corazón.
Llegar, ver y vencer fue su destino,
Cual el del nuevo César, su señor;
Y el llanto de las rubias alemanas
Su rizado bigote humedeció.
Preciso era sufrirlo; en cada tierra
Que la planta del César dominó,
Los hombres el Monarca sojuzgaba,
Las mujeres hermosas el tambor.
Pacientes, cual encinas alemanas,
Mucho tiempo sufrimos tal baldón;
Licencia al fin para librar la patria
Nos dio nuestro legítimo señor.
Cual del circo en la arena el bravo toro,
Erguimos nuestros cuernos con furor,
Y los cantos de Koerner entonando,
Del francés sacudimos la opresión.
¡Canto terrible! sí; de horrible modo
En los oídos del francés sonó;
Y de espanto el espíritu invadido
Huyeron el monarca y el tambor.
El precio, al fin, un día hallaron ambos
De su vida satánica y feroz,
Y en manos del inglés, vencido y triste,
Prisionero cayó Napoleón.
De Santa Elena en el peñón desierto,
Sufrió martirio, y penas y dolor;
Tras sufrimientos largos é indecibles,
De un cáncer del estómago espiró.
Destituido, y sin amparo y viejo,
La misma fue la suerte del tambor;
Por no morir de hambre, el desdichado
En nuestro hotel como criado entró.
Él la sartén calienta, el piso lava;
Y conduciendo el agua, en su dolor
Sube con frente gris y vacilante
La escalera, escalón tras escalón.
Cuando mi buen amigo Federico
A visitarme va, su buen humor
No se priva del goce de reírse,
A costa del rendido gigantón.
¡Oh, déjate de bromas, Federico!
No es digna de un germano la misión
De abrumar con sonrisas los caídos,
Con mofas y con burlas el dolor.
Tratar debes, amigo, tales gentes
Con más respeto y más circunspección.
¡Por parte de tu madre, padre tuvo
Acaso sea el mísero tambor!

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