LOS BEBÉS RECIBEN UN SALTO EN EL RECONOCIMIENTO FACIAL

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LOS BEBÉS RECIBEN UN SALTO EN EL RECONOCIMIENTO FACIAL

UNIVERSIDAD DE STANFORDderecho estudio originalPublicado por  en12 de diciembre 2012 

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FUENTE DE INVESTIGACIÓN:

http://www.futurity.org

STANFORD (EE.UU.) – cerebro del bebé responden a las caras casi los mismoscerebros manera adultas hacer, incluso mientras el resto de su sistema visual va a la zaga.

Cualquier madre le dirá que los bebés les encanta mirar fijamente las caras. No es sólo una ilusión de los padres, ya sean los estudios demuestran que los bebés, incluso aquellos de menos de una hora de edad, tienden a mirar a la cara al igual que las imágenes-más que en cualquier otro patrón.

Pero esta preferencia son los sistemas visuales un poco sorprendente-los recién nacidos aún no están completamente desarrollados, y los niños a menudo tienen problemas para distinguir entre las formas básicas. ¿Cómo pueden concentrarse en algo tan complejo como un rostro?

Una nueva investigación sugiere una base física para ogling lactantes. En tan temprano como cuatro meses cerebros de los bebés ya se enfrenta a proceso a niveles casi adultas, incluso mientras otras imágenes todavía están siendo analizados en los niveles inferiores del sistema visual.

Los resultados concuerdan con el papel destacado que desempeñan los rostros humanos en el mundo de un bebé, dice Faraz Farzin, becario postdoctoral en la Visión y el desarrollo neurológico Lab en la Universidad de Stanford. ”Si hay algo que va a desarrollarse antes que va a ser el reconocimiento de rostros.”

Para el estudio, publicado en línea en la revista Journal of Vision , los investigadores midieron de forma no invasiva la actividad eléctrica generada en los cerebros de los bebés con una red de sensores colocados sobre el cuero cabelludo, una especie de solideo electroencefalográfica.

Los sensores fueron el control de lo que se llama estado estacionario visuales potenciales de los picos en la actividad cerebral provocados por la estimulación visual. Por intermitente fotografías a niños y adultos y la medición de la actividad cerebral en las mismas constantes de ritmo-los investigadores fueron capaces de “preguntar” cerebros de los participantes lo que ellos percibían.

Cuando se llevó a cabo el experimento en los adultos, caras y objetos (como un teléfono o una manzana) se encienden áreas similares del lóbulo temporal, una región del cerebro dedicada a mayor nivel de procesamiento visual.

Respuestas neuronales de los bebés a las caras eran similares a las de los adultos, que muestra la actividad sobre una parte de los investigadores del lóbulo temporal pensar se dedica a enfrentar el proceso.

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Los niños fueron “aún no se enfrentan a expertos como los adultos,” Farzin dice, “pero en camino.”

Objetos, por otro lado, se iluminaron una zona de nivel más bajo del sistema visual  una parte del lóbulo occipital dedicado al procesamiento de características visuales más básicos tales como el contraste o la orientación.

Los investigadores aún no pueden decir, sin embargo, si este salto desde el principio de reconocimiento de rostros es intrínseca o el resultado de los lactantes que encuentran caras una y otra vez en su vida diaria.

El contexto en el que los bebés se encuentran con caras es muy diferente de lo que es para los objetos, señala Anthony Norcia, profesor de investigación de psicología de Stanford. ”Cuando ves una cara, que está buscando a su madre, que está interactuando”, dice. ”Se asocia con una recompensa.”

Los resultados también pueden tener importancia para una clase de enfermedades neurológicas y del neurodesarrollo que causan luchas de toda la vida con el reconocimiento facial. Las dificultades están asociadas con el flujo de oxígeno restringida o trauma en el cerebro poco después del nacimiento o el desarrollo temprano atípica de la región del cerebro cara específica.

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El trabajo fue financiado por los Institutos Nacionales de Salud.

Fuente: Universidad de Stanford

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JUAN RAMÓN JIMÉNEZ (ESPAÑA,1881-1959)

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ZENOBIA CAMPRUBÍ AYMAR

POETAS ANDALUCES,EL VIAJE DEFINITIVO,JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

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JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

Poeta español y premio Nobel de Literatura. Nació en Moguer (Huelva), y estudió en la Universidad de Sevilla. Los poemas de Rubén Darío, el miembro más destacado del modernismo en la poesía española, le conmovieron especialmente en su juventud. También sería importante la lectura de los simbolistas franceses, que acentuaron su inclinación hacia la melancolía. En 1900 publicó sus dos primeros libros de textos:Ninfeas y Almas de violeta. Poco después se instalaría en Madrid, haciendo varios viajes a Francia y luego a Estados Unidos, donde se casó con la que ya sería su compañera ejemplar de toda la vida, Zenobia Camprubí. En 1936, al estallar la Guerra Civil española se vio obligado a abandonar España. Estados Unidos, Cuba y Puerto Rico, fueron sus sucesivos lugares de residencia. Moriría en este último país, donde recibió ya casi moribundo la noticia de la concesión del Premio Nobel.

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La obra poética de Juan Ramón Jiménez es muy numerosa, con libros que a lo largo de su vida, en un afán constante de superación, fue repudiando o de los que salvaba algún poema, casi siempre retocado en sus sucesivas selecciones. Las principales son Poesías escogidas (1917), Segunda antología poética (1922), Canción (1936) y Tercera antología (1957). La influencia del modernismo se percibe en sus primeros libros, aunque su mundo poético pronto apunta, como el de Bécquer , hacia lo inefable, con unos poemas hechos a partir de sensaciones refinadas por la espiritualidad, y de sutiles estados líricos, con un lenguaje musical. Pero el arte de Juan Ramón Jiménez se hace independiente de cualquier escuela, aunque el simbolismo, ya totalmente asumido, siga influyendo en su poesía casi hasta el final. Con el paso de los años su estilo se hace cada vez más depurado, siempre en busca de la belleza absoluta, de la poesía y del espíritu que él intenta fundir con su lirismo esencial interior, sin dejar de ser al mismo tiempo metafísico y abstracto, como se aprecia en Baladas de Primavera (1910) o La soledad sonora (1911). Diario de un poeta recién casado(1917), escrito básicamente durante su viaje a Estados Unidos, donde conoció y se casó con Zenobia, es uno de los grandes libros de la poesía española. Contiene ritmos inspirados por el latir del mar, verso libre, prosa, sugerencias humorísticas e irónicas. El libro supone un canto a la mujer, el mundo marino y Estados Unidos. Siguen Eternidades (1918), Piedra y cielo (1919) y uno de los puntos más altos de su poesía, Estación total, un libro escrito entre 1923 y 1936, aunque no se publique hasta 1946. La identificación del poeta con la belleza, con la plenitud de lo real, con el mundo, es casi absoluta. La palabra aúna abstracción y realidad, y el poeta se convierte en -total- -concepto ya utilizado por Juan Ramón Jiménez-, y que significa -lo universal-. Poeta total, es para él, por tanto, aquel que logra la comunión con el universo, conservando, sin embargo, su voz personal.

Los escritos en prosa que formarían posteriormente la vasta galería Españoles de tres mundos (1942) empezaron a publicarse en diarios y revistas en los años inmediatamente anteriores a su exilio. Otro libro suyo escrito en prosa poética -y al que le debe gran parte de su fama universal- es Platero y yo (1917), donde funde fantasía y realismo en las relaciones de un hombre y su asno. Es el libro español traducido a más lenguas del mundo, junto con Don Quijote de Miguel de Cervantes. Escribió ya en América los Romances de Coral Gables (1948) y Animal de fondo (1949). Con ellos y el poema ‘Espacio’, Juan Ramón Jiménez alcanza lo que se ha llamado su -tercera plenitud- determinada por el contacto directo con el mar. En Animal de fondo el símbolo lo expresa con un lenguaje próximo a una religiosidad inmanente y panteísta. La poesía antes que palabra es conciencia; inteligencia que permite al poeta nombrar. El tiempo acaba fundiéndose con el espacio. El poeta simbolista y romántico, metafísico después y puro -que configuran al Juan Ramón Jiménez más hondo e intenso-, se revela finalmente como un visionario y metafísico que mantiene una alta tensión poética a partir de iluminaciones nacidas en lo profundo de su sensibilidad.

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TEXTOS :

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Juan Ramón Jiménez
Jardines lejanos (VI)

” No hay sol; el cielo de invierno
es de bruma y nubes blancas;
sólo hay un raso celeste
sobre las araucarias.

La avenida abre su sueño
llena de mujeres pálidas …
los vientos están jugando
con las sedas perfumadas.

Hay caricias como rosas
en la lívida mañana;
la carne en flor da el perfume
que han perdido las acacias.

Es un pecado discreto,
es una carne cristiana
que va a misa, con un lirio
entre rosas deshojadas;

carne que nunca podrá
sobre la dulce frescura
de las espaldas románticas …

en la mañana galante
rezan a Dios las campanas;
desde dentro están llamando
los corazones en gracia.

¡Fondos de oro, con albores
floreados, con fragancia
de purezas sin latido,
con dulzura de gargantas!

Pero el cielo gris ha puesto
muy rosas todas las almas
y tiende rasos celestes
sobre las araucarias … ”

Juan Ramón Jiménez
Platero y yo (fragmento)

” En el arroyo grande que la lluvia había dilatado hasta la viña, nos encontramos, atascada, una vieja carretilla, perdida toda bajo su carga de hierba y de naranjas. Una niña, rota y sucia, lloraba sobre una rueda, queriendo ayudar con el empuje de su pechillo en flor al borricuelo, más pequeño, ¡ay!, y más flaco que Platero. Y el borriquillo se despachaba contra el viento, intentando, inútilmente, arrancar del fango la carreta, al grito sollozante de la chiquilla. Era vano su esfuerzo, como el de los niños valientes, como el vuelo de esas brisas cansadas del verano que se caen, en un desmayo, entre las flores. Acaricié a Platero y, como pude, lo enganché a la carretilla, delante del borrico miserable. Lo obligué, entonces, con un cariñoso imperio, y Platero, de un tirón, sacó carretilla y rucio del atolladero y les subió la cuesta. ¡Qué sonreír el de la chiquilla! Fue como si el sol de la tarde, que se quebraba, al ponerse entre las nubes de agua, en amarillos cristales, le encendiese una aurora tras sus tiznadas lágrimas. Con su llorosa alegría, me ofreció dos escogidas naranjas, finas, pesadas, redondas. Las tomé, agradecido, y le di una al borriquillo débil, como dulce consuelo; otra a Platero, como premio áureo. 

FUENTE: http://www.epdlp.com

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Juan Ramón Jiménez
Rosas mustias cada día

” Todas las rosas blancas de la luna caían,
por la ventana abierta, en el cuerpo desnudo …
Mirando aquellas carnes blandas que florecían,
hundido entre mis sueños, yo estaba absorto y mudo.

¡Oh su sexo con luna! ¡Esencia indefinible
de su sexo con luna! Hervían los blancores
de la carne, y el rostro, perdido en lo invisible
de la penumbra, lánguido, cerraba sus colores.

Era el enervamiento del dolor … Y cual una
rosa de treinta años, opulenta y desierta,
el cuerpo blanco se elevaba hacia la luna
frío, espectral, azul, como una pompa muerta … ”

GALARDONES :

NOBEL (1956)

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Los Premios Nobel se conceden cada año a personas, entidades u organismos por sus aportaciones extraordinarias realizadas durante el año anterior en los campos de la Física, Química, Fisiología y Medicina, Literatura, Paz y Economía. Otorgados por primera vez el 10 de diciembre de 1901, los premios están financiados por los intereses devengados de un fondo en fideicomiso contemplado en el testamento del químico, inventor y filántropo sueco Alfred Bernhard Nobel. El Nobel de Literatura, es entregado por la Academia de Estocolmo. Además de una retribución en metálico, el ganador del Premio Nobel recibe también una medalla de oro y un diploma con su nombre y el campo en que ha logrado tal distinción. Los jueces pueden dividir cada premio entre dos o tres personas, aunque no está permitido repartirlo entre más de tres. Si se considerara que más de tres personas merecen el premio, se concedería de forma conjunta. El fondo está controlado por un comité de la Fundación Nobel, compuesto por seis miembros en cada mandato de dos años: cinco elegidos por los administradores de los organismos contemplados en el testamento, y el sexto nombrado por el Gobierno sueco. Los seis miembros serán ciudadanos suecos o noruegos.

YU HUA (CHINA,1960)

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YU HUA

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YU HUA (CHINA,1960)

Escritor chino nacido en Hangzhou (Zhejiang). Estudió Odontología y durante cinco años estuvo ejerciendo como dentista, antes de decantarse definitivamente por la literatura en 1983. Tanto ¡Vivir! (1992) como Crónica de un vendedor de sangre (1995), fueron elegidas entre las diez novelas más influyentes en China en la década de los noventa. El director y fotógrafo chino Zhang Yimou llevó al cine ¡Vivir! en 1994. Yu Hua es también autor de diversos relatos y ensayos. Gritos en la llovizna (2003) y Brothers (2005) son dos de sus novelas importantes. Fue el primer escritor chino galardonado con el James Joyce Foundation Award, en el año 2002. Actualmente vive en Pekín.

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TEXTOS :

 

Yu Hua
Brothers (fragmento)

” Lin Hong estaba completamente inmersa en su felicidad. Su apuesto marido la llevaba todas las mañanas a la fábrica de géneros de punto en su bicicleta Eternidad, brillante y a la moda. Cuando se internaba en la fábrica, se volvía repetidas veces para ver a Song Gang de pie junto a la bicicleta, diciéndole adiós con la mano. Cuando salía de la fábrica a última hora de la tarde, él la esperaba, sonriendo ampliamente. Lin Hong ignoraba que él estaba ayudando a Li Guangtou, y cuando lo descubrió, Song Gang llevaba haciéndolo un mes.
La primera vez que Lin Hong se dio cuenta de que el dinero y los cupones de cereales faltaban del bolsillo de Song Gang, sonrió para sí y, sin decirle nada, los reemplazó por otros veinte centavos y otros dos cupones de cereales. Song Gang estaba cerca y tampoco dijo nada, aunque la sonrisa cordial de ella lo hizo sentir muy incómodo.
Lin Hong seguía ignorando que Li Guangtou se apropiaba diariamente del dinero y de los cupones de cereales de Song Gang. Todos los días, sin falta, sustituía el contenido de los bolsillos de su marido. Al principio estaba encantada porque parecía que él cuidaba mejor de sí mismo, y por fin había reconocido que cuando tenía hambre debía comprarse algo para comer. Pero poco a poco empezó a encontrar extraño que hubiera pasado de no querer nada a gastarse todo lo que llevaba consigo, sin conservar siquiera el cambio. Consideraba que, con independencia de lo que comprara para comer, al menos debería quedar algo de vuelta. Lo miraba con recelo, pero él evitaba su mirada. Por último, se lo preguntó directamente:
-¿Qué comes todos los días?
Song Gang abrió la boca, pero de ella no salieron palabras. Lin Hong repitió la pregunta, él se limitó a mover la cabeza y dijo que no había comido nada. Ella se lo quedó mirando atónita, pero él de nuevo evitó su mirada. A desgana, confesó:
-Se lo he dado todo a Li Guangtou.
Lin Hong se quedó sin habla en medio de la habitación. Sólo entonces recordó que Li Guangtou se había convertido en un mendigo, porque hasta ese momento había olvidado completamente su existencia. Su mundo lo ocupaba solamente Song Gang, y ahora aquel cabrón de Li Guangtou se metía por medio una vez más. Cuando Ling Hong calculó que en el transcurso del último mes Li Guangtou se había quedado con unos seis yuanes suyos, no pudo contenerse y se puso a gritar. Repitiendo seis yuanes una y otra vez para sí, observó que si hubieran ahorrado esa cantidad, les habría bastado para vivir los dos un mes entero.
Song Gang bajó la cabeza y se sentó en el borde de la cama, incapaz de mirar a su esposa. No levantó la cabeza ni la miró a los ojos hasta que ella se echó a llorar y le preguntó cómo pudo hacer algo así. 

 

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Yu Hua
¡Vivir! (fragmento)

” Meses atrás había bastado una orden del jefe de equipo para destrozar las ollas, y ahora bastó también su orden para ir a comprarlas. El grano que quedaba en la cantina se distribuyó a cada familia según el número de miembros. Lo que nos tocó sólo daba para comer tres días. Y aún hubo suerte de que sólo faltara un mes para la cosecha del arroz; pero a ver cómo íbamos a aguantar ese mes.
En el pueblo, empezaron a dar puntos de trabajo a los labradores. Yo fui considerado un trabajador de fuerza, y me dieron diez puntos. Si Jiazhen no hubiera estado enferma, le habrían dado ocho, pero tal como estaba sólo podía con tareas fáciles, así que no le dieron más que cuatro. Menos mal que Fengxia ya era mayor. Para ser mujer, era muy fuerte, así que cada día le daban siete puntos.
Jiazhen sufría pensando que sólo había conseguido la mitad de puntos, no se le quitaba de la cabeza. Siempre tenía la sensación de que podía con el trabajo más pesado, y hasta fue varias veces a decírselo al jefe de equipo. Le decía que sabía que estaba enferma, pero que de momento todavía era capaz de hacer trabajo pesado.
-Dadme los cuatro puntos –decía- cuando de verdad ya no pueda.
El jefe de equipo se lo pensó y consideró que tenía razón.
-Entonces ve a la siega del arroz –le dijo.
Jiazhen fue a los arrozales con su hoz. Al principio, trabajaba muy rápido, tanto que al verla pensé que el médico se había equivocado. Pero, cuando acabó la primera hilera, ya se tambaleaba un poco; y al segar la segunda ya iba mucho más lenta. Fui a verla y le pregunté:
-¿Estás bien?
Tenía la cara toda sudada.
-Ocúpate de lo tuyo –me regañó poniéndose derecha-. ¿Para qué vienes?
Jiazhen tenía miedo de que, al ir yo a verla, los demás se fijaran en ella.
-Tienes que cuidarte –le dije.
-Vete ahora mismo –me dijo muy nerviosa.
No me quedó más remedio que alejarme, moviendo la cabeza. Al poco rato, oí un ruido, ¡patapum!, y pensé: “Malo.” Levanté la cabeza, vi que se había caído al suelo, y fui hasta ella. Aunque se había levantado, le temblaban las piernas. Además, al caer se había dado con la hoz en la frente y le salía sangre. Me miró y forzó una sonrisa. Yo, sin decir nada, la levanté a caballo y fui hacia casa. Ella no se resistió, pero, a medio camino, se echó a llorar. 

FUENTE: http://www.epdlp.com

 

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AMÉRICO CASTRO (ESPAÑA,1885-1972)

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AMÉRICO CASTRO

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Filólogo, historiador y erudito español que nació en Brasil y vivió, estudió y trabajó en España hasta 1939, fecha en la que se exilió a Estados Unidos. Formó parte de la Institución Libre de Enseñanza que fundara Francisco Giner de los Ríos. Era doctor en Derecho y en Filosofía y Letras y fue discípulo de Ramón Menéndez Pidal en el Centro de Estudios Históricos. Se adhirió al manifiesto publicado en 1913 por Ortega y Gasset que propugnaba una salida política para España “superadora del pesimismo noventaiochista”. Tomó partido por una solución progresista y defendió sin ambages la causa de la República, razón por la que una vez perdida la guerra tuvo que exiliarse. Fue profesor de la Universidad de Princeton y dictó cursos en otras universidades estadounidenses. Pertenece a una generación de intelectuales que ejercieron su influencia en la vida española hasta acabada la guerra civil. En el Centro de Estudios Históricos, donde inicia su actividad investigadora, publica losFueros leoneses de Zamora, Salamanca, Ledesma y Alba de Tormes en 1816. En 1925 publica El pensamiento de Cervantes, un estudio sobre la relación entre Cervantes y el renacimiento. A su etapa académica en Estados Unidos se deben las ediciones críticas de Fuenteovejuna de Lope de Vega (1940), El vergonzoso en palacioEl burlador de Sevilla de Tirso de Molina (1952), Lo hispánico y el erasmismo (1942), además de otros estudios literarios. Su libro La realidad histórica de España (1954) -revisión de la obra anterior España en su historia (1948)-, que suscitó una airada respuesta de Sánchez Albornoz, es junto con Origen, ser y existir de los españoles (1966) la mejor exposición de su tesis sobre la raíz de la España moderna, en la que considera fundamental la aportación semita de judíos y árabes, para la modernidad de la España medieval, punto en el que difiere del profesor Sánchez Albornoz. Se trata de una polémica de las más difundidas entre el mundo académico español.

FUENTE: http://www.epdlp.com

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TEXTOS :

Américo Castro
El pensamiento de Cervantes (fragmento)

” Podemos afirmar ahora que Cervantes practica de modo consciente el análisis racional de la realidad, y que muy a menudo ha intentado someter las formas de la actividad y de la cultura humanas a normas estrictas, que para él eran reflejo de la íntima e ideal esencia de las cosas. Las teorías sobre el teatro no podrán atribuirse en adelante a motivos ocasionales de rivalidad con Lope de Vega, sin que yo niegue, empero, que esta circunstancia pudiese avivar su espíritu reglamentista; aquellas teorías forman parte de un amplio conjunto. Pero también hemos observado en las páginas precedentes cómo frente a la razón esquemática se erguía enérgicamente lo vital y espontáneo, así como lo real (lo particular) se oponía a lo ideal (universal). Tan complejo dualismo lleva el arte de Cervantes por caminos nuevos y extraordinarios, pero es innegable que su punto de partida vamos hallándolo en zonas bien conocidas del pensamiento renacentista. El lector, sin prejuicios, irá notando que sería por extremo peligroso tomar en serio la zumbona frase del prólogo a la primera parte del Quijote: «Todo él es una invectiva contra los libros de caballerías, de quien nunca se acordó Aristóteles, ni dijo nada San Basilio, ni alcanzó Cicerón. 

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Américo Castro
Glosarios latino-españoles de la Edad Media (fragmento)

” Ya dijo Gröber (Grundriss,I,350) que el “valor de esta clase de fuentes puede mermarse a causa de los yerros de su transmisión, lo mismo que por lo equívoco de la palabra explicativa”. Aunque es mucho lo que nos enseñan, según veremos, tanto sobre el latín medieval como sobre el romance.
En la transcripción de las glosas he respetado lo más posible el texto. Era inútil pretenden amoldar esta a veces bárbara jerigonza a la lengua de los diccionarios, pero era razonable intentar acercarse a lo que para los escribas significara un nivel algo estable dentro de tan incorrecto lenguaje.
Puede ser que haya habido alguna oscilación al querer aplicar este criterio, del que ciertamente no he abusado. De todas suertes, el lector hallará en las notas de la edición paleográfica la posibilidad de reconstituir la lección de los manuscritos, y en el vocabulario general se restablece entre corchetes la ortografía correcta. Extremé a veces la conservación de formas bárbaras, reflejo del uso oral de esta lengua de los “clerici” o escolares, sometida a cierta evolución fonética, que no se detiene hasta que la cultura humanística, al restablecer el latín de Roma, la convierte en lengua muerta. En algún caso, en cambio, llevé demasiado lejos de mi corrección, y enmendé a veces sin necesidad. En las “Adiciones y enmiendas” rectifico mi error, siempre que me he dado cuenta de él.
En los artículos del Vocabulario, supongo que el lector tiene a mano el Glosario de Du Cange; por lo demás he procurado ser todo lo breve y sucinto que permitía la claridad.

 

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Aunque el principal interés de estos textos es el lexicográfico, hay que algunas observaciones de carácter paleográfico y fonético para abarcar metódicamente las particularidades de este lenguaje, y contribuir a trazar su perfil. La vida de semejante lengua está combinada por varios factores: la ignorancia de los escribas, desconocedores muchas veces de los más elementales rudimentos del léxico y de la gramática; el ocasional oralismo de su uso, y una tradición gráfica, que actúa desde la época carolingia y se manifiesta también en documentos españoles desde bastante antiguo. A lo primero se deben las monstruosas erratas, que tanto cuesta a veces reducir a su verdadero ser; a lo segundo, el fonetismo de este latín, afectado de las mismas tendencias que seguían vivas en el romance en los últimos siglos de la Edad Media. En ese medio evolutivo se han forjado los llamados semicultismos. 

 

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MYRTO AZINA CHRONIDES (CHIPRE,1961)

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Escritora chipriota nacida en Nicosia. A una edad muy temprana comenzó ya a escribir ensayos y poemas siendo tal la acogida que publicó su primer libro, El calendario (Hemerologion, 1976) a la edad de quince años. Estudió Medicina en Bonn y desde el año 2007 trabaja en el Departamento de Servicios Médicos de su propio país. Su estilo moderno y poco convencional ha conmovido a lectores de todo el mundo. Varios de sus cuentos han sido publicados en revistas literarias y en dos antologías nacionales. A nivel internacional El experimento (To peirama, 2009), galardonada con el premio europeo de Literatura, a modo de estudio sobre la relación entre el amor erótico (Eros) y el alma, es hasta el momento su trabajo más reseñado.

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Chipre

ganando autor: Myrto Azina Chronides

Sobre el autor:

Myrto Azina Chronides (b.1961) nació en Nicosia, Chipre. Desde sus primeros años, ha escrito numerosos ensayos y poemas. Ha ganado varios premios literarios en el Gimnasio Panchipriota para la poesía y la prosa, y publicó su primer libro, Hemerologion, a la edad de quince años.Después de su graduación, se especializó en Medicina General en el Hospital Académico de la Universidad de Bonn en Euskirchen. Desde 2007, ha estado trabajando en Chipre en el Departamento de Servicios Médicos y de Salud Pública. Ella ha recibido una reacción crítica positiva por su estilo moderno y poco convencional de escritura, mientras que sus cuentos han aparecido en numerosas revistas literarias y en dos antologías nacionales.

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Libro otorgado:

Para Peirama (El Experimento)
Sinopsis:

En resumen, el libro de Myrto Azina podría ser descrito como un estudio sobre el amor erótico y el alma. Relación sexual de una pareja constituye el tema central que corre a través de la mayor parte de las historias. Desde el principio, Él y Ella, los protagonistas del libro, tomar el compromiso de someterse a un “experimento”: para entender la naturaleza del amor erótico y su relación con la abstinencia de contacto carnal con el fin de dedicarse a la escritura. Ella es una mujer erguida que reclama su libertad. Él es, “un hombre sabio, un creyente en el socrático diciendo, ‘Todo lo que sé es que no sé nada'”.Para la Peirama peculiar, sutilmente conectados casas narrativos una colección de cuentos que se inclinan hacia la estructura de una pieza de prosa sintética, ni novela corta, ni novela. En consecuencia, el libro es una obra original, que no encaja fácilmente dentro de cualquier género tradicional de la prosa creativa.

FUENTE: http://www.euprizeliterature.eu

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El experimento (fragmento)

” Desde hacía tres noches no cruzaba el umbral de la habitación. Vio desde lejos como ella había extendido sus papeles, apilado sus libros y lápices sobre la cama, con la ventana abierta en pleno invierno, por lo que podía ver, como ella solía decir, la luna.
Si no hubiera pasado por situaciones similares en el pasado, habría llegado a pensar que había entrado en la menopausia y que los sofocos habían comenzado. Pero reconoció el fuego que ardía en sus ojos, la mirada irracional, como ella la llamaba y sabía que su mano se movía nerviosamente de un lado a otro sobre el papel como la aguja de una máquina de coser dobladillos.
Por otra parte, ella no lo había invitado, no se había insinuado en absoluto. Un fuego ardía en su interior, pero él no era la causa.
Bilis, sangre, aire. Se acordó de los grabados de Paracelso y los escritos de Hipócrates. En verdad estaba envenenada por las palabras.
Y había algo más-algo que ella no quería confesarle. Bajo su cama, desde hacía algunos días, había sido depositada una trampilla.
Debió haber sido tres días después de Navidad, cuando yaciendo juntos, unos extraños gritos rasgaron el aire. Ella se levantó y miró por la ventana, exclamando:
-Mira. Algunos pájaros blancos vuelan hacia la luna.
Él levantó la mitad del torso, se estiró y vio también a los pájaros, subrayando:
-Gansos de nieve. ¡Qué extraño! ¿Cómo habrán llegado aquí? Podemos estar seguros de que el invierno será realmente crudo.
-Me encantaría ser un pájaro-dijo ella. Volar sobre las casas, tratando de llegar a la cima de las cumbres más distantes. Jugar con el aparejo de los barcos y posarme sobre las altas torres de los castillos. Y cuando te echara de menos, volver de nuevo a ser una mujer y acurrucarme en tus brazos. 

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FUENTE: http://www.epdlp.com

 

 

 

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¡DILES QUE NO ME MATEN!,CUENTO DE JUAN RULFO

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JUAN RULFO

CUENTO DE JUAN RULFO

FUENTE: http://zonaliteratura.com

-¡Diles que no me maten, Justino! Anda, vete a decirles eso. Que por caridad. Así diles. Diles que lo hagan por caridad.

-No puedo. Hay allí un sargento que no quiere oír hablar nada de ti.

-Haz que te oiga. Date tus mañas y dile que para sustos ya ha estado bueno. Dile que lo haga por caridad de Dios.

-No se trata de sustos. Parece que te van a matar de a de veras. Y yo ya no quiero volver allá.

-Anda otra vez. Solamente otra vez, a ver qué consigues.

-No. No tengo ganas de eso, yo soy tu hijo. Y si voy mucho con ellos, acabarán por saber quién soy y les dará por afusilarme a mí también. Es mejor dejar las cosas de este tamaño.

-Anda, Justino. Diles que tengan tantita lástima de mí. Nomás eso diles.

Justino apretó los dientes y movió la cabeza diciendo:

-No.

Y siguió sacudiendo la cabeza durante mucho rato.

Justino se levantó de la pila de piedras en que estaba sentado y caminó hasta la puerta del corral. Luego se dio vuelta para decir:

-Voy, pues. Pero si de perdida me afusilan a mí también, ¿quién cuidará de mi mujer y de los hijos?

-La Providencia, Justino. Ella se encargará de ellos. Ocúpate de ir allá y ver qué cosas haces por mí. Eso es lo que urge.

Lo habían traído de madrugada. Y ahora era ya entrada la mañana y él seguía todavía allí, amarrado a un horcón, esperando. No se podía estar quieto. Había hecho el intento de dormir un rato para apaciguarse, pero el sueño se le había ido. También se le había ido el hambre. No tenía ganas de nada. Sólo de vivir. Ahora que sabía bien a bien que lo iban a matar, le habían entrado unas ganas tan grandes de vivir como sólo las puede sentir un recién resucitado. Quién le iba a decir que volvería aquel asunto tan viejo, tan rancio, tan enterrado como creía que estaba. Aquel asunto de cuando tuvo que matar a don Lupe. No nada más por nomás, como quisieron hacerle ver los de Alima, sino porque tuvo sus razones. Él se acordaba:

Don Lupe Terreros, el dueño de la Puerta de Piedra, por más señas su compadre. Al que él, Juvencio Nava, tuvo que matar por eso; por ser el dueño de la Puerta de Piedra y que, siendo también su compadre, le negó el pasto para sus animales.

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Primero se aguantó por puro compromiso. Pero después, cuando la sequía, en que vio cómo se le morían uno tras otro sus animales hostigados por el hambre y que su compadre don Lupe seguía negándole la yerba de sus potreros, entonces fue cuando se puso a romper la cerca y a arrear la bola de animales flacos hasta las paraneras para que se hartaran de comer. Y eso no le había gustado a don Lupe, que mandó tapar otra vez la cerca para que él, Juvencio Nava, le volviera a abrir otra vez el agujero. Así, de día se tapaba el agujero y de noche se volvía a abrir, mientras el ganado estaba allí, siempre pegado a la cerca, siempre esperando; aquel ganado suyo que antes nomás se vivía oliendo el pasto sin poder probarlo.

Y él y don Lupe alegaban y volvían a alegar sin llegar a ponerse de acuerdo. Hasta que una vez don Lupe le dijo:

-Mira, Juvencio, otro animal más que metas al potrero y te lo mato.

Y él contestó:

-Mire, don Lupe, yo no tengo la culpa de que los animales busquen su acomodo. Ellos son inocentes. Ahí se lo haiga si me los mata.

“Y me mató un novillo.

“Esto pasó hace treinta y cinco años, por marzo, porque ya en abril andaba yo en el monte, corriendo del exhorto. No me valieron ni las diez vacas que le di al juez, ni el embargo de mi casa para pagarle la salida de la cárcel. Todavía después, se pagaron con lo que quedaba nomás por no perseguirme, aunque de todos modos me perseguían. Por eso me vine a vivir junto con mi hijo a este otro terrenito que yo tenía y que se nombra Palo de Venado. Y mi hijo creció y se casó con la nuera Ignacia y tuvo ya ocho hijos. Así que la cosa ya va para viejo, y según eso debería estar olvidada. Pero, según eso, no lo está.

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“Yo entonces calculé que con unos cien pesos quedaba arreglado todo. El difunto don Lupe era solo, solamente con su mujer y los dos muchachitos todavía de a gatas. Y la viuda pronto murió también dizque de pena. Y a los muchachitos se los llevaron lejos, donde unos parientes. Así que, por parte de ellos, no había que tener miedo.

“Pero los demás se atuvieron a que yo andaba exhortado y enjuiciado para asustarme y seguir robándome. Cada vez que llegaba alguien al pueblo me avisaban:

“-Por ahí andan unos fureños, Juvencio.

“Y yo echaba pal monte, entreverándome entre los madroños y pasándome los días comiendo verdolagas. A veces tenía que salir a la media noche, como si me fueran correteando los perros. Eso duró toda la vida . No fue un año ni dos. Fue toda la vida.”

Y ahora habían ido por él, cuando no esperaba ya a nadie, confiado en el olvido en que lo tenía la gente; creyendo que al menos sus últimos días los pasaría tranquilos. “Al menos esto -pensó- conseguiré con estar viejo. Me dejarán en paz”.

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Se había dado a esta esperanza por entero. Por eso era que le costaba trabajo imaginar morir así, de repente, a estas alturas de su vida, después de tanto pelear para librarse de la muerte; de haberse pasado su mejor tiempo tirando de un lado para otro arrastrado por los sobresaltos y cuando su cuerpo había acabado por ser un puro pellejo correoso curtido por los malos días en que tuvo que andar escondiéndose de todos.

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Por si acaso, ¿no había dejado hasta que se le fuera su mujer? Aquel día en que amaneció con la nueva de que su mujer se le había ido, ni siquiera le pasó por la cabeza la intención de salir a buscarla. Dejó que se fuera sin indagar para nada ni con quién ni para dónde, con tal de no bajar al pueblo. Dejó que se le fuera como se le había ido todo lo demás, sin meter las manos. Ya lo único que le quedaba para cuidar era la vida, y ésta la conservaría a como diera lugar. No podía dejar que lo mataran. No podía. Mucho menos ahora.

Pero para eso lo habían traído de allá, de Palo de Venado. No necesitaron amarrarlo para que los siguiera. Él anduvo solo, únicamente maniatado por el miedo. Ellos se dieron cuenta de que no podía correr con aquel cuerpo viejo, con aquellas piernas flacas como sicuas secas, acalambradas por el miedo de morir. Porque a eso iba. A morir. Se lo dijeron.

Desde entonces lo supo. Comenzó a sentir esa comezón en el estómago que le llegaba de pronto siempre que veía de cerca la muerte y que le sacaba el ansia por los ojos, y que le hinchaba la boca con aquellos buches de agua agria que tenía que tragarse sin querer. Y esa cosa que le hacía los pies pesados mientras su cabeza se le ablandaba y el corazón le pegaba con todas sus fuerzas en las costillas. No, no podía acostumbrarse a la idea de que lo mataran.

Tenía que haber alguna esperanza. En algún lugar podría aún quedar alguna esperanza. Tal vez ellos se hubieran equivocado. Quizá buscaban a otro Juvencio Nava y no al Juvencio Nava que era él.

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Caminó entre aquellos hombres en silencio, con los brazos caídos. La madrugada era oscura, sin estrellas. El viento soplaba despacio, se llevaba la tierra seca y traía más, llena de ese olor como de orines que tiene el polvo de los caminos.

Sus ojos, que se habían apenuscado con los años, venían viendo la tierra, aquí, debajo de sus pies, a pesar de la oscuridad. Allí en la tierra estaba toda su vida. Sesenta años de vivir sobre de ella, de encerrarla entre sus manos, de haberla probado como se prueba el sabor de la carne. Se vino largo rato desmenuzándola con los ojos, saboreando cada pedazo como si fuera el último, sabiendo casi que sería el último.

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Luego, como queriendo decir algo, miraba a los hombres que iban junto a él. Iba a decirles que lo soltaran, que lo dejaran que se fuera: “Yo no le he hecho daño a nadie, muchachos”, iba a decirles, pero se quedaba callado. “Más adelantito se los diré”, pensaba. Y sólo los veía. Podía hasta imaginar que eran sus amigos; pero no quería hacerlo. No lo eran. No sabía quiénes eran. Los veía a su lado ladeándose y agachándose de vez en cuando para ver por dónde seguía el camino.

Los había visto por primera vez al pardear de la tarde, en esa hora desteñida en que todo parece chamuscado. Habían atravesado los surcos pisando la milpa tierna. Y él había bajado a eso: a decirles que allí estaba comenzando a crecer la milpa. Pero ellos no se detuvieron.

Los había visto con tiempo. Siempre tuvo la suerte de ver con tiempo todo. Pudo haberse escondido, caminar unas cuantas horas por el cerro mientras ellos se iban y después volver a bajar. Al fin y al cabo la milpa no se lograría de ningún modo. Ya era tiempo de que hubieran venido las aguas y las aguas no aparecían y la milpa comenzaba a marchitarse. No tardaría en estar seca del todo.

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Así que ni valía la pena de haber bajado; haberse metido entre aquellos hombres como en un agujero, para ya no volver a salir.

Y ahora seguía junto a ellos, aguantándose las ganas de decirles que lo soltaran. No les veía la cara; sólo veía los bultos que se repegaban o se separaban de él. De manera que cuando se puso a hablar, no supo si lo habían oído. Dijo:

-Yo nunca le he hecho daño a nadie -eso dijo. Pero nada cambió. Ninguno de los bultos pareció darse cuenta. Las caras no se volvieron a verlo. Siguieron igual, como si hubieran venido dormidos.

Entonces pensó que no tenía nada más que decir, que tendría que buscar la esperanza en algún otro lado. Dejó caer otra vez los brazos y entró en las primeras casas del pueblo en medio de aquellos cuatro hombres oscurecidos por el color negro de la noche.

-Mi coronel, aquí está el hombre.

Se habían detenido delante del boquete de la puerta. Él, con el sombrero en la mano, por respeto, esperando ver salir a alguien. Pero sólo salió la voz:

-¿Cuál hombre? -preguntaron.

-El de Palo de Venado, mi coronel. El que usted nos mandó a traer.

-Pregúntale que si ha vivido alguna vez en Alima -volvió a decir la voz de allá adentro.

-¡Ey, tú! ¿Que si has habitado en Alima? -repitió la pregunta el sargento que estaba frente a él.

-Sí. Dile al coronel que de allá mismo soy. Y que allí he vivido hasta hace poco.

-Pregúntale que si conoció a Guadalupe Terreros.

-Que dizque si conociste a Guadalupe Terreros.

-¿A don Lupe? Sí. Dile que sí lo conocí. Ya murió.

Entonces la voz de allá adentro cambió de tono:

-Ya sé que murió -dijo-. Y siguió hablando como si platicara con alguien allá, al otro lado de la pared de carrizos:

-Guadalupe Terreros era mi padre. Cuando crecí y lo busqué me dijeron que estaba muerto. Es algo difícil crecer sabiendo que la cosa de donde podemos agarrarnos para enraizar está muerta. Con nosotros, eso pasó.

“Luego supe que lo habían matado a machetazos, clavándole después una pica de buey en el estómago. Me contaron que duró más de dos días perdido y que, cuando lo encontraron tirado en un arroyo, todavía estaba agonizando y pidiendo el encargo de que le cuidaran a su familia.

“Esto, con el tiempo, parece olvidarse. Uno trata de olvidarlo. Lo que no se olvida es llegar a saber que el que hizo aquello está aún vivo, alimentando su alma podrida con la ilusión de la vida eterna. No podría perdonar a ése, aunque no lo conozco; pero el hecho de que se haya puesto en el lugar donde yo sé que está, me da ánimos para acabar con él. No puedo perdonarle que siga viviendo. No debía haber nacido nunca”.

Desde acá, desde fuera, se oyó bien claro cuando dijo. Después ordenó:

-¡Llévenselo y amárrenlo un rato, para que padezca, y luego fusílenlo!

-¡Mírame, coronel! -pidió él-. Ya no valgo nada. No tardaré en morirme solito, derrengado de viejo. ¡No me mates…!

-¡Llévenselo! -volvió a decir la voz de adentro.

-…Ya he pagado, coronel. He pagado muchas veces. Todo me lo quitaron. Me castigaron de muchos modos. Me he pasado cosa de cuarenta años escondido como un apestado, siempre con el pálpito de que en cualquier rato me matarían. No merezco morir así, coronel. Déjame que, al menos, el Señor me perdone. ¡No me mates! ¡Diles que no me maten!.

Estaba allí, como si lo hubieran golpeado, sacudiendo su sombrero contra la tierra. Gritando.

En seguida la voz de allá adentro dijo:

-Amárrenlo y denle algo de beber hasta que se emborrache para que no le duelan los tiros.

Ahora, por fin, se había apaciguado. Estaba allí arrinconado al pie del horcón. Había venido su hijo Justino y su hijo Justino se había ido y había vuelto y ahora otra vez venía.

Lo echó encima del burro. Lo apretaló bien apretado al aparejo para que no se fuese a caer por el camino. Le metió su cabeza dentro de un costal para que no diera mala impresión. Y luego le hizo pelos al burro y se fueron, arrebiatados, de prisa, para llegar a Palo de Venado todavía con tiempo para arreglar el velorio del difunto.

-Tu nuera y los nietos te extrañarán -iba diciéndole-. Te mirarán a la cara y creerán que no eres tú. Se les afigurará que te ha comido el coyote cuando te vean con esa cara tan llena de boquetes por tanto tiro de gracia como te dieron.

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English: Photography made by Lupe for publishing purpose. Português: Fotografia feita por Lupe para divulgação do artista (Photo credit: Wikipedia)

Juvencio Valle

Juvencio Valle (Photo credit: Wikipedia)

AZORÍN – JOSÉ MARTÍNEZ RUIZ – (ESPAÑA,1873-1967)

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AZORÍN

Ensayista, novelista, autor de teatro y crítico español, nacido en Monóvar, Alicante. Trabajó activamente en política durante los primeros años de su carrera. Fue uno de los escritores que a comienzos del siglo XX luchó por el renacimiento de la literatura española. Fue el propio Azorín quien bautizó a este grupo con el nombre de Generación del 98, como se le conoce en la actualidad. El tema dominante de sus escritos es la eternidad y la continuidad, simbolizadas en las costumbres ancestrales de los campesinos. Obtuvo el reconocimiento de la crítica por sus ensayos, entre los que destacan El alma castellana(1900), Los pueblos (1904) y Castilla (1912). Se le conoce sobre todo por sus novelas autobiográficas La Voluntad (1902), Antonio Azorín (1903) y Las confesiones de un pequeño filósofo (1904). Azorín introdujo un estilo nuevo y vigoroso en la prosa española. Su obra destaca asimismo por la sagaz crítica literaria que realiza en textos como Los valores literarios (1913) y Al margen de los clásicos (1915). Fue el máximo representante de la Generación del 98, movimiento literario que él definió, conceptualizó y defendió.

FUENTE : http://www.epdlp.com

 

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TEXTOS  DE AZORÍN:

Castilla (fragmento)

” No puede ver el mar la solitaria y melancólica Castilla. Está muy lejos el mar de estas campiñas llanas, rasas, yermas, polvorientas; de estos barrancales pedregosos; de estos terrazgos rojizos, en que los aluviones torrenciales han abierto hondas mellas; mansos alcores y terreros, desde donde se divisa un caminito que va en zigzag hasta un riachuelo. Las auras marinas no llegan hasta esos poblados pardos de casuchas deleznables, que tienen un bosquecillo de chopos junto al ejido. Desde la ventana de este sobrado, en lo alto de la casa, no se ve la extensión azul y vagarosa; se columbra allá en una colina con los cipreses rígidos, negros, a los lados, que destacan sobre el cielo límpido. A esta olmeda que se abre a la salida de la vieja ciudad no llega el rumor rítmico y ronco del oleaje; llega en el silencio de la mañana, en la paz azul del mediodía, el cacareo metálico, largo, de un gallo, el golpear sobre el yunque de una herrería. Estos labriegos secos, de faces polvorientas, cetrinas, no contemplan el mar; ven la llanada de las mieses, miran sin verla la largura monótona de los surcos en los bancales. Estas viejecitas de luto, con sus manos pajizas, sarmentosas, no encienden cuando llega el crepúsculo una luz ante la imagen de una Virgen que vela por los que salen en las barcas; van por las callejas pinas y tortuosas a las novenas, miran al cielo en los días borrascosos y piden, juntando sus manos, no que se aplaquen las olas, sino que las nubes no despidan granizos asoladores. 

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English: Casa de Doña María la Brava, en Salamanca (España) (Photo credit: Wikipedia)

Don Juan (fragmento)

” Han venido a preguntar a la fondita si comprábamos antigüedades. Quien preguntaba era una viejecita vestida con largas locas negras: doña María. Doña María nos ha llevado a su casa. La casa de doña María está en lo más alto de la ciudad. La ciudad tiene callejuelas estrechas y grandes caserones. En la Audiencia hay, desde hace años, unas vidrieras rotas en las ventanas. En el Gobierno civil sale el tubo de una estufa por un balcón de la fachada. En el mercado, los vendedores envuelven los comestibles en hojas de libros antiguos y papeles del siglo XVII. La casa de doña María tiene un zaguán chiquito. Arranca del zaguán una escalerita de madera; llega hasta el fondo y tuerce a la izquierda formando una galería. En el fondo, a un lado, se abre la puerta. Hay en la casa anchas salas llenas de antigüedades y corredores oscuros con ladrillos sueltos en el pavimento que hacen ruido al ser pisados. Doña María, entre cachivaches anodinos, tenía algunos primores en muebles, porcelanas y telas. A1 pasar frente a una puerta, la ha abierto y ha dicho:
—Aquí posa don Juan.
Hemos entrado. La estancia estaba sencillamente aderezada. Una puerta de vidrieras daba a la alcoba. En las paredes había una serie de litografías en color. Desde el balcón se contemplaba el río en lo hondo. Iba muriendo el día.
La pálida claridad del cielo, en el lejano horizonte, ponía en el ambiente una íntima tristeza. Un caminito de cipreses se perdía, a la otra parte del río, entre las lomas. ¿Adónde va ese camino? ¿De dónde vienen esos hombres que marchan por él lentamente? La casa estaba ya casi a oscuras. Fulgía en el cielo la estrella vesperal. Los cipreses del caminito han ido perdiéndose en la sombra. ¿Adónde irá ese caminito? ¿Cuántas veces lo contemplará don Juan —eternidad, eternidad—desde el balcón que da al río?
Una débil claridad aparece en las alfas vidrieras de la catedral. Es la hora del alba. A esta hora baja el obispo a la catedral. El palacio del obispo está unido a la catedral por un pasadizo que atraviesa la calle. A la hora en que el obispo entra en la catedral todo reposa en la pequeña ciudad. La catedral está casi a oscuras: resuenan, de cuando en cuando, unos pasos; chirría el quicio de una reja. En la pequeña ciudad la luz de la mañana va esclareciendo las callejas. Se ve ya, en la plaza que hay frente a la catedral, caer el chorro del agua en la taza de la fuente, el ruido de esta agua, que había estado percibiéndose toda la noche, ha cesado ya.
El obispo está ciego; ciego como el dulce y santo obispo francés Gastón Adrián de Ségur. Entra en la catedral despacito; va sosteniéndose en un cayado; obra de dos o tres pasos le van siguiendo dos familiares. La amplia capa cae en pliegues majestuosos hasta las losas. Se dirige el buen prelado hacia la capilla del maestre don Ramiro. De cuando en cuando se detiene, apoyado en su bastón, con la cabeza baja, como meditando. Su pelo es abundante y blanquísimo. Destaca su noble cabeza en el vivo morado de las ropas talares. No puede ya ver el obispo su catedral, ni su ciudad. Pero desde su cuartito, él, todas las mañanas, a la hora en que rompe el alba, espía todos los ruidos de la ciudad, que renace a la vida: el canto de un gallo, el tintín de una herrería, el grito de un vendedor, el ruido de los pasos. Ya no puede él ver los zaguanes blancos y azules de los conventos pobres; ni las iglesitas sin mérito ninguno artístico, pero ennoblecidas, santificadas, por el anhelo de las generaciones; ni los vencejos que giran en torno de la torre de la catedral; ni el panorama de las colinas que se descubre desde el paseo de la ciudad. 

Alicante City Hall

Alicante City Hall (Photo credit: Wikipedia)

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Medieval walls of Ávila, autonomous region of Castile and León, España (Photo credit: james_gordon_losangeles)

El escritor (fragmento)

” Absolutamente nada. Nada que se salga del carril cotidiano. La vida fluye incesable y uniforme; duermo, trabajo, discurro por Madrid, hojeo al azar un libro nuevo, escribo bien o mal -seguramente mal- con fervor o con desmayo. De rato en rato me tumbo en un diván y contemplo el cielo, añil y ceniza. ¿ Y por qué había de saltar de improviso el evento impensado? Trabajemos día tras día ¿Dónde está nuestro Leteo? En el afán diario. O acaso, a través de la obra hacemos ese dolor más delicado. ¡ Cincuenta años escribiendo… Desde los tres quinquenios con la pluma en la mano. Impetu, fervor, perseverancia, entusiasmo… Ha pasado mucho tiempo y los años cargan sobre mis hombros… Todo lo que asciende, desciende… Cuando podemos ya esperar, habiendo visto correr tanto tiempo lo ciframos en la obra cumplida. 

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La voluntad (fragmento)

” -La propiedad es el mal… Se buscarán en vano soluciones al problema eterno. Si el medio no cambia, no cambia el hombre… Y el medio es la vivienda, la alimentación, la higiene, el traje, el reposo, el trabajo, los placeres. Cambiemos el medio, hagamos que todo esto, el trabajo y el placer, sea pleno, gustoso, espontáneo, y cambiará el hombre. Y si sus pasiones son ahora destructivas —en este medio odioso—, serán entonces creadoras —en otro medio saludable… No cabe hablar del problema social: no lo hay. Existe dolor en los unos y placer en los otros, porque existe un medio que a aquéllos es adverso y a éstos favorable… La fuerza mantiene este medio. Y de la fuerza brota la propiedad, y de la propiedad el Estado, el ejército, el matrimonio, la moral. Azorín replica: —Un medio de bienestar para todos supone una igualdad, y esa igualdad…Yuste interrumpe: —Sí, sí; se dice que es imposible una igualdad de todos los hombres… que todos no tienen el mismo grado de cultura… que todos no tienen las mismas delicadezas estéticas y afectivas…El maestro calla un momento y después añade firmemente: —Las tendrán todos, las tendrán todos… 

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Hace un siglo Juan Bautista Lamarck ponía el siguiente ejemplo en su Filosofía zoológica: un pájaro vese forzado a vagabundear por el agua en sitios de profundidad escasa; sus sucesores hacen lo mismo; los sucesores de sus sucesores hacen lo propio… Y de este modo, poco a poco, a lo largo de múltiples generaciones, este pájaro ha visto crecer entre los dedos de sus patas un ligero tejido… y aumentar de espesura… y llegar a recia membrana que le permite á él, descendiente de los primitivos voladores, nadar cómodamente en las marismas… Pues bien; ahora aplica este caso. Pon al hombre más rudo, más grosero, más intelectual en una casa higiénica y confortante; aliméntalo bien: vístelo bien; haz que trabaje con comodidad, que goce sanamente… Y yo te digo que al cabo de tres, de ocho, de doce generaciones, de las que sean, el descendiente de ese rudo obrero será un bello ejemplar de hombre culto, artista, cordial, intelectivo.

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Español: La actriz española María Guerrero en la obra de teatro Doña María la brava, de Eduardo Marquina (Photo credit: Wikipedia)

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Detail of doña María de Sotomayor, showing Velázquez’s free brushwork on her dress (Photo credit: Wikipedia)


Azorín observa:
—Eso es el transformismo. Y Yuste replica: —Sí, es el transformismo que nos enseña que hay que lograr un medio idéntico para llegar á una identidad, a una igualdad fisiológica y psicológica… indispensable para la absoluta igualdad ante la Naturaleza. He aquí porqué he dicho antes que el problema no existe…
No existe desde que Lamarck, Darwin y demás naturalistas contemporáneos han puesto en evidencia que el hombre es la función y el medio… Y puesto que es imposible producir un nuevo tipo humano sin cambiar la función y el medio, es de toda necesidad destruir radicalmente lo que constituye el medio y la función actuales. En el silencio de la noche, la voz del maestro vibra apasionada. Esta mañana, Yuste ha recibido una revista. En la revista figura un estudio farfullado por un antiguo compañero suyo, hoy encaramado en una gran posición política. Y en ese estudio, que es una crónica en que desfilan todos los amigos de ambos, los antiguos camaradas, Yuste ha visto omitido su nombre, maliciosamente, envidiosamente…
El maestro prosigue indignado:
—Para esta obra no hay más instrumento que la fuerza. Nuestros antepasados milenarios usaron de la fuerza para crear instituciones que hoy son venero de dolor: nosotros emplearemos la fuerza para crear otro estado social que sea manantial de bienandanzas. 

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